Un reconocimiento internacional que confirma una forma de trabajar: exigencia, consistencia y hospitalidad mediterránea llevadas al máximo nivel.
Viñedos que crecen sin riego artificial, en suelos arenosos o calcáreos que generan vinos vibrantes. La humedad de la noche y las brisas del día protegen sus cepas en equilibrio. Una viticultura orgánica rodeada de almendros y olivos, un ecosistema vivo.
Imagina bajar por un camino flanqueado de viñas que se mecen entre almendros y olivos. El Montgó se recorta al fondo, el viento trae una pizca del mar, y te recibe el olor de un vino que sabe a tiempo y a Mediterráneo entero.
Bienvenida a Les Freses, donde Mara ha transformado el recuerdo de un cultivo de fresas en un proyecto de viticultura orgánica y sensibilidad poética.
Sus vinos blancos secos, récord en reflejos pajizo verdosos, están elaborados al 100 % con Moscatel de Alejandría, cultivado sin químicos, respetando microclima y tradición. En nariz, flores frescas (jazmín, azahar, rosa) y en boca un final seco y salino con toques de hinojo, jengibre o pomelo.
Allí, la cepa reina es la Moscatel de Alejandría, vibrante, seca y floral, reflejo del clima salino y del terroir arenoso y calcáreo. Vinos como Les Freses Blanco Seco, Àmfora o Dolç se elaboran con levaduras propias y, según el caso, en ánforas antiguas o depósitos de acero inoxidable. El resultado: una expresión pura del paisaje de Alicante, de alma limpia y final largo en boca (tiendalesfreses.com, lesfreses.com).
Les Freses fermenta con levaduras propias, usa ánforas de barro y damajuanas según el vino. Respeta tiempos artesanos, sin prisas. Esta vieja nueva filosofía conecta con la primera bodega de Europa hallada en aquel mismo terreno.
La experiencia de visita trasciende la simple cata. Se camina con guía entre el viñedo y el antiguo Riu Rau, se degusta un vino tras otro, maridado con tapeo local o un desayuno dulce tradicional, todo acompañado de historia ancestral. Una mañana cultural, sensorial y gastronómica que deja huella en cualquier amante del vino o del paisaje mediterráneo.
Porque no es un vino: es una experiencia mediterránea embotellada.
Porque da valor a un varietal humilde convertido en Alta Costura sensorial.
Porque aire e historia entran en la copa.
Porque el entorno: Jesús Pobre y su mercado dominical, el Riu Rau, la autenticidad local… todo se convierte en narrativa viva.
Un reconocimiento internacional que confirma una forma de trabajar: exigencia, consistencia y hospitalidad mediterránea llevadas al máximo nivel.
Hay un momento muy concreto en cada viaje que, en realidad, sucede mucho antes de hacer la maleta. Ese instante en el que empiezas a imaginar el verano, con quién vas a compartirlo, cómo quieres sentirte o qué tipo de lugar quieres recordar meses después.
Hay proyectos que nacen cubriendo una necesidad y otros que, con el tiempo, terminan formando parte de la identidad de un lugar. Hace 25 años, Abahana Villas comenzaba su andadura en el norte de la Costa Blanca con una idea clara: ofrecer una manera diferente de vivir el Mediterráneo. Más humana, más cuidada, más auténtica. Lo que empezó como una visión ligada al alquiler vacacional, hoy se ha convertido en una marca profundamente conectada con el territorio, con sus villas, sus propietarios y los miles de huéspedes que han descubierto esta costa a través de ella, de manera mucho más cercana, casi de boca a boca.