Un reconocimiento internacional que confirma una forma de trabajar: exigencia, consistencia y hospitalidad mediterránea llevadas al máximo nivel.
Tres castillos imprescindibles en la Costa Blanca La Costa Blanca no solo es sinónimo de playas y calas idílicas; también guarda entre sus colinas y ciudades una historia fascinante. Tres castillos destacan como joyas arquitectónicas y culturales: el Castillo de Santa Bárbara en Alicante, la Atalaya de Villena y el Castillo de Dénia. Cada uno pertenece a una ruta diferente y narra un capítulo único del pasado de la región.
Este imponente castillo se alza sobre el monte Benacantil y es una de las principales atracciones de Alicante. Su historia se remonta al siglo IX, en plena época árabe, aunque fue reformado en el siglo XVI bajo dominio cristiano. Durante siglos, fue un punto estratégico para la defensa de la ciudad y también para el comercio marítimo.
Curiosidad histórica: Durante el reinado de Felipe II, el castillo fue adaptado como fortaleza moderna, convirtiéndose en uno de los puntos clave del Mediterráneo. Alicante se benefició de su posición geográfica, facilitando el comercio de sal, vinos y frutos secos, productos muy demandados en la época.
Recomendación local: Sube al castillo al atardecer. Desde sus miradores podrás disfrutar de una vista panorámica única de Alicante y del mar bañado por los tonos dorados del sol. Además, no te pierdas las visitas guiadas que relatan historias sobre los ataques de piratas y la vida diaria en el castillo.
Ubicada en la ciudad de Villena, esta fortaleza del siglo XII destaca por su arquitectura almohade y sus impresionantes torres cuadradas. Es un icono de la zona y una de las mejores conservadas de la provincia. Su función principal fue defensiva, protegiendo a la región de invasiones y facilitando el control de rutas comerciales.
Historia singular: La leyenda cuenta que durante la Reconquista, este castillo fue escenario de intensas negociaciones entre árabes y cristianos. Su imponente Torre del Homenaje guarda inscripciones en caracteres árabes que narran estos encuentros. Villena fue conocida por su riqueza en productos como el grano y la uva, que se comercializaban ampliamente en la región.
Tip viajero: Si visitas Villena en septiembre, coincidirás con las fiestas de Moros y Cristianos, que recrean la historia medieval de la región y devuelven la vida al castillo. También puedes explorar las cercanías para descubrir más sobre las rutas comerciales que unían esta zona con el resto de la península.
A diferencia de los otros, el Castillo de Dénia tiene una fuerte conexión marinera. Ubicado en el corazón de la ciudad, ofrece vistas espectaculares tanto al puerto como a la sierra del Montgó. Construido en época islámica y ampliado en épocas posteriores, fue clave en el comercio mediterráneo gracias a su privilegiada situación.
Un dato curioso: Durante el Renacimiento, este castillo fue el centro de una importante red comercial que conectaba a Dénia con los principales puertos del Mediterráneo. La ciudad destacó por su producción de pasas y tejidos, productos que alcanzaban mercados tan lejanos como Italia y el norte de África.
Combina la visita al castillo con un paseo por el casco antiguo de Dénia y disfruta de su oferta gastronómica, famosa por sus gambas rojas. Además, puedes visitar el Museo Arqueológico dentro del castillo, que ofrece una visión detallada de su pasado comercial y marinero.
Un reconocimiento internacional que confirma una forma de trabajar: exigencia, consistencia y hospitalidad mediterránea llevadas al máximo nivel.
Hay un momento muy concreto en cada viaje que, en realidad, sucede mucho antes de hacer la maleta. Ese instante en el que empiezas a imaginar el verano, con quién vas a compartirlo, cómo quieres sentirte o qué tipo de lugar quieres recordar meses después.
Hay proyectos que nacen cubriendo una necesidad y otros que, con el tiempo, terminan formando parte de la identidad de un lugar. Hace 25 años, Abahana Villas comenzaba su andadura en el norte de la Costa Blanca con una idea clara: ofrecer una manera diferente de vivir el Mediterráneo. Más humana, más cuidada, más auténtica. Lo que empezó como una visión ligada al alquiler vacacional, hoy se ha convertido en una marca profundamente conectada con el territorio, con sus villas, sus propietarios y los miles de huéspedes que han descubierto esta costa a través de ella, de manera mucho más cercana, casi de boca a boca.