del 31-ago-2018 al 08-sep-2018

Fiestas de Loreto en Jávea

Siete parejas de jóvenes, los llamados mayorales y mayoralesas, son los protagonistas de las fiestas de la Mare de Déu de Loreto de Jávea.

Ataviados con sus mejores galas, ellas de blanco -como preciosas novias- y ellos de traje y corbata, elegantísimos, se convierten durante unos días en auténticos reyes.

Uno de los actos más emotivos de las Fiestas de Loreto en Jávea, que se celebran en torno al 8 de septiembre, es sin duda la Noche de la Ronda. A medianoche, estos jóvenes elegidos, la Tuna de Jávea, y casi todos los vecinos se reúnen en la parroquia de Nuestra Señora de Loreto para comenzar una velada inolvidable.

El primero de los himnos se canta dentro de la iglesia a la Virgen de Loreto; a continuación, la tuna va rondando a los mayorales y mayoralesas casa por casa, deteniéndose en las portaladas que previamente ha decorado cada familia con motivos marineros en honor a la Patrona. A lo largo de estas rondas, los festeros bailan con sus familiares, intercambiando las parejas. Amigos, padres, hermanos, tíos… todos pasan una emotiva y divertida noche. Al finalizar los bailes, todos los asistentes comparten un vino de honor.

Otro acto digno de ver –por la espectacularidad de los trajes de los festeros, y el colorido de las flores y adornos que portan- es la ofrenda floral en honor a la Mare de Déu de Loreto. Todos los miembros de la Comisión de Fiestas, las peñas marineras, las asociaciones y, cómo no, los mayorales y mayoralesas, recorren las calles luciendo sus galas.

Uno de los actos más divertidos para los turistas, como ya es tradición en otros pueblos alicantinos, suele ser “Els Bous a la Mar”, que en Jávea va cobrando peso año tras año. Cientos de jóvenes corren las vaquillas y tratan de que estas caigan al mar sin maltratarlas ni tocarlas. Lógicamente, antes de que el animal acabe en el agua, son muchos más los muchachos que terminan nadando, entre las risas de los asistentes. En Jávea este juego con el toro tiene la particularidad de que se celebra cerca de una carpa o chiringuito, por lo que las tapas y la cerveza bien fría corren al mismo tiempo que los astados.

Como es habitual, no faltan las espectaculares mascletás, plenas de estruendo, emoción y olor a pólvora. La de fin de fiesta suele ser muy especial, en ocasiones incorpora colores y, naturalmente, trata de “mover” los corazones. En estas ocasiones, no es inhabitual ver derramar lágrimas a los mayorales y mayoralesas, desolados porque concluyen las fiestas en las que han sido protagonistas.

Un plus: Desde hace más de cuarenta años venía celebrándose un castillo de fuegos artificiales acuático que cerraba las fiestas.

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