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Abahana Villas - Vistas del Peñón de Ifach desde la Playa de El Portet en Moraira.
Qué hacer en Moraira Naturaleza e historia se dan la mano

Las playas más espectaculares y un centro urbano gótico amurallado único: Moraira-Teulada tiene todos los ingredientes para ofrecer unos días de auténtico descanso, llenos de planes culturales y en pleno contacto con una naturaleza sorprendentemente verde y virgen. El municipio –de sólo 14.000 habitantes, y formado por dos núcleos urbanos, Moraira, al borde del Mediterráneo, y Teulada, en el interior- cuenta con más de 8 kilómetros de espectacular costa. 

A finales del XIX era Teulada un pueblecito agrícola que comercializaba sus excedentes embarcándolos desde el cercano puerto natural, Moraira. Precisamente este último núcleo estaba además formado por las pequeñas casetas que los pescadores teulinos iban construyendo aquí y allá para almacenar sus aparejos. Con los años, esas primitivas edificaciones se transformaron en las casas familiares de estos trabajadores, y décadas más tarde derivaron en el importante centro turístico costero que hoy conocemos.

Playas inolvidables

En la actualidad, Moraira ofrece a los amantes del mar un total de seis playas y calas que enamoran a simple vista. La Playa del Portet, resguardada por la península del Cap d'Or, y con forma de recoleta concha, ofrece aguas tranquilas y cristalinas a resguardo de miradas curiosas. Es además el punto de partida ideal para los más aventureros, pues desde sus arenas finas puede iniciarse la escalada hasta la torre vigía del cabo, que forma parte de la Red de Microreservas de Flora de la Comunidad Valenciana. 

La torre, original del siglo XVI, formaba parte, junto con la cercana Iglesia Fortaleza de Santa Catalina, el Castillo de Moraira, y las vecinas torres de Jávea y Calpe, de un original y eficaz sistema de protección. Muy cerca, además, puede visitarse la Cova de Cendra, un yacimiento arqueológico que data del Paleolítico Superior.

Para familias con niños pequeños, que buscan servicios y comodidad, lo ideal es acudir a la Playa de L'Ampolla, a los pies del Castillo de Moraira. Es la más concurrida, pero también la más amplia y la que cuenta con amplios servicios en verano: sillas anfibias para discapacitados, socorrismo, vigilancia, pasarelas, baños, parque infantil, restaurante…). Aun así, que nadie piense que L'Ampolla carece de encanto. Justo a un paso merece una excursión La Marjal del Senillar, un humedal costero con lagunas, riberas y dunas, que acogen animales y plantas en extinción, y muy especialmente los coloridos fartet, una escasa especie de peces.   

Un castillo, una aventura

Es más, el castillo de Moraira, del siglo XVIII, se levanta justo al lado de este arenal. El edificio, de origen borbónico, tiene una planta denominada de "pezuña de buey", es decir, con forma semicircular, y su función, como el de otras edificaciones de la época, era proteger a los habitantes de las invasiones de piratas berberiscos. Estos corsarios, procedentes de Túnez, Trípoli, Argel y Marruecos, además de abordar barcos, solían perpetrar razias o invasiones de los territorios interiores en busca de esclavos cristianos para su posterior comercio. 

Por su parte, las dos calas de Platgetes, de aguas asombrosamente limpias, alternan zonas de arena y roca. Ambas pueden recorrerse en cualquier época del año a través de un cómodo paseo-mirador con zonas ajardinadas. Capítulo aparte merecen las calas de Portitxol, L'Andragó y Cap Blanc. Todas ellas son perfectas para la práctica del buceo y la pesca. La segunda destaca por la profundidad de sus aguas, lo que permite inmersiones muy interesantes. Asimismo, un plan ideal al final del día consiste en recorrer la distancia que media entre la cala de L'Andragó y la de Cap Blanc, e ir parando en los miradores para disfrutar de las increíbles vistas. 

También los amantes de la historia pueden disfrutar de tardes perezosas paseando por la Teulada Gótica Amurallada, declarada Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de Conjunto Histórico. Conocida como "La Villa", tiene su origen en la época inmediatamente posterior a la reconquista cristiana, y ofrece casas solariegas de piedra y monumentos religiosos típicos del gótico valenciano tardío, con algunos elementos del barroco y, en menor número, pero sin duda curiosos, del modernismo. La Iglesia Fortificada de Santa Catalina y la Ermita de la Divina Pastora constituyen vistas ineludibles en esta ruta cultural.

Gastronomía sobresaliente

En los últimos años, muchos restauradores y bodegueros de Teulada-Moraira han sabido abrirse paso en el competitivo panorama gastronómico levantino. La marca de calidad "Bahía de Moraira" se ha consolidado como referente de pescado capturado mediante artes de pesca tradicionales. Precisamente, es la base de recetas típicas teuladinas, como el putxero de polp, la sopa de peix, o las salazones de melva, bull o anxova. Naturalmente, y como en toda la provincia alicantina, los arroces son los protagonistas: el arròs a banda, el arròs amb fessols i naps, la paella amb sardines y espinacs y el arròs negre presiden las mesas de una cocina tradicional basada en la bondad de los ingredientes. También el arroz meloso de pulpo, o el arroz al horno cuentan con las preferencias de los paladares exquisitos.

En el capítulo de legumbres destaca el cocido con albóndigas envueltas en hojas de col, así como el arroz con habas secas. Por otra parte, los embutidos artesanales son estupendos, como la sobrasada, el blanquet, la llonganissa y la butifarra. De los mariscos merece la pena probar las lapas y los exquisitos erizos de mar.

Por supuesto, un menú semejante no puede regarse con cualquier vino. En Teulada-Moraira, los blancos como el Viña Teulada presentan aroma a flores mediterráneas, y los ligeros, como La Marina, ofrecen un punto de aguja perfecto para platos de pescado. En general, la uva moscatel de la zona es tratada por expertos agricultores y magníficos vinateros y da lugar a los vinos y mistelas más prestigiosos de todo Alicante.